lunes, 30 de noviembre de 2009
Foquita
domingo, 15 de noviembre de 2009
Meet me in Montauk
y estarás en Montauk.
En la playa fría
junto a una loca,
una desequilibrada
que huele a bosque
y se cree estrella.
En Montauk
no te pasará nada malo
y los pasos recobrados
se irán yendo hacia atrás
hacia arriba,
en espirales.
Cuando pises Montauk
no olvides de limpiarte los zapatos
porque el barro real
puede ensuciar la casita.
Cuando estés en Montauk
no
te
olvides
de
Clementine.
Abrázala.
Y bésala hasta que te quiten el aparato y sea sólo un sueño.
martes, 3 de noviembre de 2009
Acerca del amor en Stendhal (o amorcito corazón, tienes corazón de melón)

sábado, 12 de septiembre de 2009
Amarillo

-¡Quédate!- Le decía el de la gabardina roja, mientras éste bailaba en el fuego. –¡Quédate y bailamos todos!- Ella veía las hojas de otoño caer del árbol, sentía como le aplastaban mientras ella buscaba un respiro. Miró al de la gabardina a los ojos, directamente a los ojos, y le lanzó una de esas miradas que se clavan en la pared más profunda del alma. –Me olvidarás- le dijo. –Me olvidarás y yo jamás habré estado aquí. Me olvidarás porque tienes memoria de pájaro- El calor consumía los alrededores del árbol, la cosa es que nadie se había dado cuenta de que éste se estaba incendiando. Las hojitas, cada una de ellas, tenían chispas que se convertían en flama, que se convertían en llamas gigantes. -¡Bailemos todos!- le decía el de la gabardina roja mientras bailaba con una figura de fuego plácida y pequeña, ponzoñosa. Ella empezó a correr del fuego, pero sus faldas azules se quemaban, las ramas le roían las vestimentas. Alejada, por un segundo, miró hacia atrás, hacia la zarza amarillenta que consumía el árbol y lo llevaba a la tierra. –Adiós- dijo –Adiós a las armas, adiós a la tierra, adiós a los discípulos y adiós a los animales-. El horizonte se veía planísimo. El ardor de las múltiples quemadas eran rugires de sombra –Adiós al bonsái, adiós a los gatos, adiós gabardina, quédate con tu llama, que yo no soy más que cenizas-. Así fue como ella caminó hacia la tierra de ninguna parte, hacia ningún lado.
viernes, 11 de septiembre de 2009
Azul

jueves, 10 de septiembre de 2009
Naranja (Antes de Negro)

martes, 8 de septiembre de 2009
Negro

domingo, 30 de agosto de 2009
Verde

miércoles, 26 de agosto de 2009
Rojo

sábado, 22 de agosto de 2009
Manual de etiqueta para el comportamiento pertinente en situaciones diversas (o manual de urbanidad de la vida posmoderna) (1)
Siempre sucede. Está usted en una fiesta, una reunión social o parrillada de carne de caprinos –chivos, en lenguaje coloquial- y siempre, SIEMPRE está allí. ESA persona. No, no puede ignorarla, usted sabe que él o ella entraron por esa puerta. Usted empieza a sudar como cerdo al borde del sacrificio, sus pupilas se vuelven similares a las de un gato y mira para todos lados, en búsqueda de un refugio visual que le aparte la vista de aquella persona. Pero…usted no quiere un refugio visual, usted quiere mirar a su objetivo como águila cazadora, mira al/la infeliz y se fija en cada uno de sus gestos, en su maña de agarrarse el pelo cuando se muerde la boca o sus titubeos de habla, o esa asquerosísima manera de sonarse la nariz en público y creer que es adorable. O también puede darse el nada incomún caso de haber sido usted la víctima, ese/esa bastardo le hizo daño, le arrancó el corazón, lo escupió y se lo dio de comer a los lobos feroces de Siberia. “¡Putísima eres, zorra de Babilonia!” o “¡Pene de maní!” son los pensamientos que navegan por su mente. No se preocupe, aquí le daremos ayuda a cómo comportarse sin perder la etiqueta.
Si usted fue el afectado…
Evite, a toda costa, mirar a la persona que lo afectó. Sí, sabemos que quisiera tener un destructor telepático de cabezas, pero ya sabe que éstos todavía están siendo desarrollados por los japoneses. Mientras los fabrican, cálmese.
Jamás inicie usted la conversación. Parecerá desesperado, hambriento como niño etiope. Espere a que el/la desgraciado(a) se acerque.
Si el/la desgraciado(a) mencionado anteriormente se acerca y de hecho saluda, usted salude con la sonrisa más complaciente del planeta, la sonrisa que diga “Hey, estoy ganando más que tú, tengo una casa gigantesca, estoy saliendo con Barbie/Ken y estoy recibiendo todo lo que no pudiste darme”, claro, todo disimuladamente. Aunque todo lo último sea una total mentira y de hecho esté viviendo en casa de sus padres todavía, entretenga a niños como modo de ganarse el pan –y le paguen peor que al conserje de su edificio-, y esté saliendo con su gato llamado “Ken” o “Barbie”.
Si la persona se queda compartiendo –evadiendo- su espacio personal por más de 10 segundos, eso da pies a una conversación. Use las frases predeterminadas de small talk, como le dicen los estadounidenses, “¿Qué es de tu vida?”, “¿Cómo están en tu casa?” “¡Deberíamos reunirnos de nuevo” (lo último, sabemos bien, jamás sucederá y si sucede, será por coincidencias similares a la que se está mencionando en este momento y allí tendrá que sacar esta guía de nuevo).
Sus respuestas al small talk deben ser similares a la de la sonrisa que dio en el saludo. Para más detalles, volver al consejo número tres.
Jamás y nunca, ¿entiende? ¡NUNCA! evada. Eso dará pie a que la persona piense que usted está afectado por su presencia y le levantará el ego.
Si usted fue el afectador...
Váyase del sitio. Hay muchos lugares donde infelices como usted son aceptados (prostíbulos, casas de citas, la asamblea, la presidencia, bancos, institutos preescolares entre otros).
Es en serio, no se quede.
Manual de etiqueta para el comportamiento pertinente en situaciones diversas (o manual de urbanidad de la vida posmoderna)
Amigo lector:
Ha caído en sus manos una guía de supervivencia a la vida. ¡Quién hubiese tenido tal en momentos difíciles! Por eso está en sus manos. Porque el autor ha sufrido lo mismo que usted, usted, ser humano lleno de fallas. No se preocupe, esta serie de consejos no tienen que ser seguidos en un orden específico y si tal cosa como un faux-pas en su comportamiento ocurre, no dude en abrir esta guía cuantas veces necesite. De ahora en adelante preste atención, porque no le escribiré dos veces, no le escribiré tres veces, no le escribiré cuatro veces los mismos consejos para sobrevivir en sociedad. No me haga hacerlo, en serio, ya que me hará pensar que usted es un absoluto cretino que no puede desarrollar una vida normal.
Atentamente,
-Señorita Lady Regina Van Kampfestendoggenfelden, viuda de Cabeza de Vaca.
jueves, 23 de julio de 2009
Consejos sobre el arte de escribir cuentos por Roberto Bolaño

Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos.
jueves, 18 de junio de 2009
Un regalo del viento
Explotaron las semillas y de cada una de ellas creció una sola rama larga y delgada que vino a enredarse allá arriba en las nubes. De lejos la larguísima planta debía parecer un animal de Dalí, de patas estiradas, y ella abajo mirando.
Entonces ella subió, alegre, por las ramas, hasta alcanzar el follaje. En él, sacó sus colores, un gran pincel y dijo “Arre”. Seguidamente el animal se puso a andar: la planta cobró vida y arrancó sus patas del suelo para caminar, a paso lento, por toda la tierra.
Fue así que el cielo aprendió a pintarse.
-Esto no es mío, por si acaso-
jueves, 26 de febrero de 2009
Botones
de repente,
te golpea como un camión.
Las voces apagadas
traen luces de lejos;
faros
que se vislumbran a lo lejos
entre susurros de niebla.
Ves un colibrí que flota
notas
de sus alas
sus millones de batidos por segundo.
Todo el dolor te golpea como un camión
ya no eres más joven
el gallo empezó a cantar al revés
las voces se apagan
y ya no hay faros.
Los faros todos se extinguieron.
Los zurcos de tu cara se desdibujan,
Se redondean,
Se ensanchan,
Las palabras son sonidos aleatorios,
Ga
Ga
Cierras los ojos
Ne
Ne
Respiras.
Sientes,
como de la nada,
el camión te dejó hace rato.