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lunes, 30 de noviembre de 2009

Foquita



No puedo ser la esposa de diamantes
o del sí-mi-amorismo constante
Ni de las de vocecita tierna
O de las del tonito cantado
Aplaudiendo como foca
a todo
todito
lo que hagas
(aunque me guste tanto como una ducha de agua fría).
No puedo ser la de la cara pintada
(porque no todo lo pintado es maquillaje)
con colmillos subterráneos
o de inocencia fingida
ni de trazos falsos
tan quemados como el pelo que yace en la cabeza.
Te puedo hacer una oferta:
Te ofrezco lo que ves
Este manojo de defectos que no temen estar afuera
como leones,
como margaritas selváticas nacientes de piedra.
Te ofrezco
palabras
una cama caliente
una ocasional galleta de mis manos rudas y fuertes
una risita sincera, como la que puedes ver en mis ojos
un pelo enmarañado de bosque
un temor a las alturas
un irracional miedo a la muerte
y un apego
al que no te apegues demasiado
porque soy miedosa
y tosca
pero lo que no soy,
sobre todas las cosas,
es una foca.


martes, 3 de noviembre de 2009

Acerca del amor en Stendhal (o amorcito corazón, tienes corazón de melón)



   Para una materia de la universidad, me tocó leer un librito polvoroso llamado “Estudios sobre el amor” de José Ortega y Gasset. Una vez, hacía mucho tiempo, había intentado leerlo por curiosidad romanticona de mis dieciséis años, pero no pude con él. Esta vez, lo retomé y me encontré con varias reflexiones curiosas. Primero, estudiar el amor no es nada fácil, primeramente porque rara vez se va a tener una visión objetiva de éste (quien haya pasado por las garras del amor, saben de lo que estoy hablando). Segundo, ¿qué es exactamente el amor? ¿Cómo sabemos que el amor es amor? Para responder estas preguntas, me fui a la opción obvia: No, no Wikipedia (por esta vez), sino al Diccionario de la Real Academia Española, protowikipedia española. Me encontré con más de veinte definiciones distintas del amor, de las cuales me limitaré a las primeras tres:
1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.
   Antes de entrar en definiciones o de responder preguntas, volveré al libro polvoroso que mencioné antes, donde hay un capitulo en el que se analiza otro libro olvidado, “Del amor” del escritor francés Stendhal. Este último clasifica al amor en varios tipos: el amor-placer, el amor-físico, el amor-vanidad y el amor-pasión. El primero, es un amor rosa, sin conflictos, donde el galanteo es el arma principal y no hay un verdadero enamoramiento. Robándome una cita de un artículo, “Es ese amor que busca revelar y confirmar el buen gusto, las maneras del enamorado, pero sin enamoramiento verdadero; es un actuar permanente para avasallar con todas las formas de la distinción y la delicadeza” (vean http://www.fundacionfilosofarte.com/documentos/Sin%20final%20feliz.doc) ¿Cuántas veces no han visto pareja donde se ve que hay gesto tras otro, regalo tras otro, pero realmente es una relación evasiva de conflictos? “Yo no tengo nada que ver ahí” “Le regalo flores y la mantengo contenta” “Con un polvo la contento”. El otro amor, el amor-físico, tiene el nombre bastante implícito. Un ejemplo, para aclarar toda duda, es cuando tienes al chamín de catorce años, de hormonas a cuarenta mil por hora y con la accesibilidad a féminas de -40.000 que se enamora de cuanta niña linda pase frente a sí; o, llevándolo al plano más burdo, el impelable mecánico que le grita a la chica “Mamiiita, uuuuuuy, qué belleza, ¡quién fuera ______ para ______! (en los espacios en blanco inserte las asociaciones más asquerosas que pueda pensar. ¿Listo? Yo pensé en “quién fuera pesca’o pa’ nadar en esa piscina”). El amor-vanidad es un amor de trofeo. ¿Cómo así? Pues simple: Pensemos en el Homo erectus imbecilus que pasea por el centro comercial con la cuchi-barbie de turno, de moda. La chica se exhibe y canta “El amor es una magia” para entretener a su simio de turno (porque, ojo, las cuchibarbies siempre variarán de simios y éstos, SIEMPRE, serán muy feos).
    El amor-pasión es el centro de la definición de Stendhal, es ese amor sufrido, frenético, loco, exhaustivo, caótico, hermoso, fatídico, feo, irracional, estrellado, espiralado, doloroso, orgulloso, imposible, apacible, relajado, estresado, odiado, inconcluso, la totalidad, el vacío, la llenura, la plenitud, el universo, la muerte. De nuevo, robándome otra cita de Hernán Bueno Castañeda, “Los mejores momentos del amor son sus momentos inaugurales. Tendemos a creer que es en los desenlaces del amor donde radica su ventura; que es justamente cuando damos por realizada la unión tantas veces anhelada, cuando se desborda en alegría y júbilo nuestro espíritu; pero para Stendhal es justamente todo lo contrario, es decir que es en las vacilaciones y dudas de la génesis del amor, donde realmente habita su gozo supremo. El hombre y la mujer buscan durante los primeros momentos de su mutuo descubriendo, encontrar cosas diferentes en el otro; comenta Stendhal: “El hombre dice: ¿Lograré gustarle? ¿Querrá amarme? La mujer: ¿No será por juego por lo que dice que me ama?”. La certeza que quiere el hombre es saber si efectivamente la mujer le ama; la certeza que busca la mujer, es la de asegurarse que el hombre no dejará de amarla. El tono dado aquí no es puro capricho, y sus implicaciones son significativas“ (miren este artículo, en serio http://www.fundacionfilosofarte.com/documentos/Sin%20final%20feliz.doc).
                                   
Esta canción es una sonorización del amor-pasión

Por ejemplo, las grandes historias de amor son ejemplos de amor-pasión: El típico Romeo y Julieta (¡oh, precocidad y falta de cable e internet!), Frida Kahlo y Diego Rivera, Beto y Enrique de Plaza Sésamo, entre otros.
Amor no consumado e imposible

   Los amores trascendentales son plantas. Son arbolitos. Curiosamente, otra de las definiciones de amor es de un árbol criado en Cuba y crecido en Europa (suena a historia de inmigrante). Aunque se tale, estará allí, el muñón con sus anillos. Ortega y Gasset dice: “Un amor pleno que haya nacido en la raíz de la persona, no puede verosímilmente morir. Va inserto por siempre en el alma sensible. Las circunstancias –por ejemplo, la lejanía- podrán impedir su necesaria nutrición, y entonces ese amor perderá volumen, se convertirá en un hilillo sentimental, breve vena de emoción que seguirá manando en el subsuelo de la conciencia”. Hay hilillos de metal duro que luego recrecen. Hay otros que, como el hambre en Africa, se rehusan a morir. Y mientras no muere el amor, nosotros seguimos allí, aguantando, viendo como el pasar del tiempo no borra las huellas del camino y crece el retoño en el muñón, crece una planta, quizás, o queda la historia de los anillos. ¿Qué es el amor? Algo gozoso y doloroso. Punto. Corazoncito de melón.