Esta es una de esas noches en que te insulto mientras leo algún libro olvidado de poesía y pienso que todo lo que pasa pasa por algo pero es que no me dijeron que esto iba a ser así, no, las cosas se suponen que no deben marchar así, y allí estaba yo de diecisiete años y vos de dieciocho rondando la feria de mi colegio de monjas y yo tenía un bolso de Jack y te gusté y tú no me gustabas porque las pelirrojas, oh las malditas pelirrojas y yo tan morena, yo tan enrulada, yo tan venezolanamente y jodidamente bajita, y me caías mal porque oías punk barato y yo me creía la gran cosa por oír punk clásico, y anarquía, señores, anarquía de la fugaz adolescencia. Me empaté, te empataste, te hiciste mi amigo, te desempataste, te fijaste en una arpía, una Naoko, porque a ustedes les encantan las Naokos mientras las Midoris nos quedamos esperando a que se les termine de pasar el comején con un plato de té caliente y me rompieron el corazón y te rompieron el corazón, pero mi corazón no tenía reparo y viniste, de terco viniste y saltaste, te me adelantaste y nos besamos y fuimos a tu casa y cantamos La Vie en Rose, y esa era nuestra canción, ¿te acordáis? La vida en rosa mientras soñábamos con Francia y yo linda y joven y vos guapo y joven, y nos escondíamos de todos, y nos amábamos al mediodía, ¿te acordáis? Me quedé dormida en tu pecho en el suelo caliente y sucio de la plazoleta y supe que estaba en casa mientras los gatos nos miraban. Es que no tenéis reparo, ni yo tengo reparo. Es que formamos grupos y los deshicimos, creamos estrellas y habitamos en ellas. Nos fuimos a dos mil seiscientos metros más cerca de ellas, porque sabías que me gustaban las estrellas, sabías que yo quería tocarlas y pasar frío mientras pensábamos en una sala con un colchón solitario y nuestro amor dando tumbos y vueltas y calentándose como el regazo de un pichón que cargáis con ambas manos. Vos sabéis que pienso mucho, yo sé que pensáis mucho, yo sé que esto es como cazar a Bowser y sí, menciono a Bowser porque es grandote y fuertote y hay que intentar matarlo muchas veces, pero es que tus paredes son altas y Naoko, siempre Naoko. Pero yo creo en que la vie será en rose y me atreveré y cuando ya no me tengas miedo te atreverás y game over no será tan over y vení a darte un beso, vení a darte el beso más largo como este párrafo que escribí sin respirar porque no puedo respirar mientras siga aquí sin puntos, sin comas, sin vos.
lunes, 25 de julio de 2011
...Es que tengo que matar a Bowser
Esta es una de esas noches en que te insulto mientras leo algún libro olvidado de poesía y pienso que todo lo que pasa pasa por algo pero es que no me dijeron que esto iba a ser así, no, las cosas se suponen que no deben marchar así, y allí estaba yo de diecisiete años y vos de dieciocho rondando la feria de mi colegio de monjas y yo tenía un bolso de Jack y te gusté y tú no me gustabas porque las pelirrojas, oh las malditas pelirrojas y yo tan morena, yo tan enrulada, yo tan venezolanamente y jodidamente bajita, y me caías mal porque oías punk barato y yo me creía la gran cosa por oír punk clásico, y anarquía, señores, anarquía de la fugaz adolescencia. Me empaté, te empataste, te hiciste mi amigo, te desempataste, te fijaste en una arpía, una Naoko, porque a ustedes les encantan las Naokos mientras las Midoris nos quedamos esperando a que se les termine de pasar el comején con un plato de té caliente y me rompieron el corazón y te rompieron el corazón, pero mi corazón no tenía reparo y viniste, de terco viniste y saltaste, te me adelantaste y nos besamos y fuimos a tu casa y cantamos La Vie en Rose, y esa era nuestra canción, ¿te acordáis? La vida en rosa mientras soñábamos con Francia y yo linda y joven y vos guapo y joven, y nos escondíamos de todos, y nos amábamos al mediodía, ¿te acordáis? Me quedé dormida en tu pecho en el suelo caliente y sucio de la plazoleta y supe que estaba en casa mientras los gatos nos miraban. Es que no tenéis reparo, ni yo tengo reparo. Es que formamos grupos y los deshicimos, creamos estrellas y habitamos en ellas. Nos fuimos a dos mil seiscientos metros más cerca de ellas, porque sabías que me gustaban las estrellas, sabías que yo quería tocarlas y pasar frío mientras pensábamos en una sala con un colchón solitario y nuestro amor dando tumbos y vueltas y calentándose como el regazo de un pichón que cargáis con ambas manos. Vos sabéis que pienso mucho, yo sé que pensáis mucho, yo sé que esto es como cazar a Bowser y sí, menciono a Bowser porque es grandote y fuertote y hay que intentar matarlo muchas veces, pero es que tus paredes son altas y Naoko, siempre Naoko. Pero yo creo en que la vie será en rose y me atreveré y cuando ya no me tengas miedo te atreverás y game over no será tan over y vení a darte un beso, vení a darte el beso más largo como este párrafo que escribí sin respirar porque no puedo respirar mientras siga aquí sin puntos, sin comas, sin vos.
Etiquetas:
poesía en prosa?
miércoles, 29 de junio de 2011
Pajarera II
Tu caja guarda cuarenta mil pájaros
Soy uno entre tantos
alados, tontuelos, extraños
pájaros.
Uno compartiendo piso y ramas.
Cada pájaro tiene su memoria nublada.
Los otros miles guardan tus holas,
yo deposito sólo tus adioses.
Esta caja es un agujero negro
Es un pasaporte al vacío
Es nada.
Este pájaro planea en nada.
lunes, 23 de mayo de 2011
Del voseo y la identidad.
| Adorable Puente.* |
Un día indefinido, de algún año –ya no recuerdo qué hacia dónde iba o por qué-, me monté en un taxi; el taxista me hablaba sobre cualquier cosa y yo le respondí. Me preguntó: ¿Tú eres de Maracaibo? Le respondí con un sí de lo más evidente, como si fuese la cosa más natural del mundo para mí (y lo es, puesto a que soy más maracucha que una mandoca). “Es que suenas argentina” me dijo. Me extrañó bastante.
A pesar de que no tengo muchas de las cosas consideradas típicas de una persona habitante de la Tierra del Sol Amada –no me gustan las corridas, no voy a La Ternera, el béisbol me tiene sin cuidado, no canto gaita y el vallenato, himno adoptivo de las hermanas tierras colombianas, me parece detestable-, me considero bastante maracucha: Nací y crecí a dos pasos del centro de Maracaibo, he ido a las procesiones, a la Basílica, he comido perrilla en la Feria, me monto en carrito de Bella Vista todos los días; pero lo más significativo de todo es que voseo mucho. Que jode. En exceso. ¿No véis?
El voseo, para los no familiarizados con el término, es hablar de “vos” en vez de “tú” y usar los verbos en la segunda persona del plural pero para referirse a la segunda persona del singular. Por ejemplo, en Maracaibo no se dice “¿Tú cómo estás?”, sino “¿Vos cómo estáis?”. Ahora que estamos claros con esa reglita, continuaré hablando.
El voseo, que es el aspecto más característico del habla de estos lados, es una cosa prácticamente inimitable por el foráneo. El voseo es el espejo de las olas del lago, esas ondas de diptongos y triptongos que vienen y van y hacen música, acordes difíciles de seguir pero que se disfrutan entre sonrisas. El voseo es decadente, temido y reprimido por las maestras acartonadas de nuestras escuelas primarias, castigando a cada niño que canta un “sabéis” en el aula y obligándolo a usar un rígido “sabes” que se nota, se oye, se siente que no es natural. Esa rigidez absurda pasa a los medios, y termina ridiculizada en los teatros, haciendo que cada obra sea “maracuchizada” para causar gracia y explotar el voseo reprimido por tantos años por tantas entidades distintas. La gente se ríe porque se identifica y porque es prohibido. El voseo es un tabú que se goza como un cigarro que el mundo te dice que está mal, pero te lo fumas de todas formas. Si en el Zulia te aman de verdad, te amarán de vos y vos amaréis así, diptongado y chiquitico, con un “mi amor sabéis que te adoro”.
Del voseo no sólo está hecho el zuliano, sino que también las palabras comunes al resto del territorio nacional son virtualmente desconocidas en este lado del puente. Una vez, hablando con un buen amigo, le mencioné “chinazo” y no me entendió. Yo conocía esta palabra porque hay cosas del lenguaje de las redes sociales que se pegan, sobre todo si el 40% de la gente que sigues e interactúas en Twitter es de Caracas o Valencia, pero me pareció extrañísimo que mi amigo no la comprendiera. Allí lo agarré: Es que aquí no se habla de chinazo. Aquí no se habla de coleto, ni de “ir pendiente”, ni de pelado niño, ni de salado de mala suerte. Aquí se dice doble sentido, lampazo, de pelabola por ocioso, de salado por mal gusto. El hecho de haber estado aislados tanto tiempo del resto del país –el puente apenas vino a ser construido en los años 60- hizo que aún hoy, en pleno siglo XXI, todavía haya choques de léxico entre un venezolano y un zuliano. El habla es nuestra verdadera cédula de identidad.
Sí, hice separación de gentilicio, ¿me váis a fregar por eso?
Etiquetas:
gentilicio,
lenguaje,
zulia
domingo, 8 de mayo de 2011
Apamates
Veo las flores
que nacen de los
apamates.
Danzan en el aire
como pequeños cometas
y caen al suelo
resignadas.
El suelo es una cama rosada.
Los apamates son estatuas;
se quedan mirándome mientras los miro:
En cada hoja
en cada zurco
está la marca del solsticio;
Allí, tus manos.
Allí, en el mecer de las ramas
los susurros.
En el solsticio
píntame un beso
debajo de un apamate.
que nacen de los
apamates.
Danzan en el aire
como pequeños cometas
y caen al suelo
resignadas.
El suelo es una cama rosada.
Los apamates son estatuas;
se quedan mirándome mientras los miro:
En cada hoja
en cada zurco
está la marca del solsticio;
Allí, tus manos.
Allí, en el mecer de las ramas
los susurros.
La primavera tiene ojos viejos
y se ríe.
píntame un beso
debajo de un apamate.
sábado, 2 de abril de 2011
La ventana abierta: Sobre literatura rusa y otras cosas.
Cuando pensé en escribir estos esbozos de líneas, lo primero que se me vino a la mente fue una ventana. Las ventanas son como pequeñas pinturas enmarcadas, que cambian con el humor del día. Una ventana abierta es el mundo, es el sol, son los trazos que dibuja la vida. ¿Por qué una ventana abierta? La literatura rusa es precisamente eso, una ventana abierta. Verá, al ser esta el último texto que escribo en mis años universitarios y que sea justamente de literatura rusa me puso a pensar en todas las posibilidades del mundo. Sí, de allá, de afuera. Los rusos, en su momento, también pensaban en París, pensaban en la Europa no septentrional, donde la estepa era más amable, el clima más agradable, el pasto más verde. De una vez, he de confesar aquí que he de descansar de los análisis cesudos. De ahora en adelante hablaré a partir de mi sola experiencia lectora, sin citas bibliográficas, sin terceros interrumpiéndome esta conversa literaria. Porque las citas muchas veces son eso: Un coitus interruptus de ideas. Una tocada de puerta mientras se le hace el amor a un libro. ¿Vale? Prosigamos.
Mi primer contacto real con la literatura rusa fue con Ana Karenina, en una edición empolvada y, presumo, de los años 60. Me la encontré en la biblioteca del colegio, a donde usualmente me escapaba y, otras veces, en un acto de justicia bibliófila, me robaba libros –sabiendo que éstos sólo iban a agarrar polvo estando en esos estantes-. Recuerdo abrir la primera página, allí estaba, Lev Tolstoi susurrándome al oído cuando debía estar viendo clases de Matemática. Seduciéndome con Ana y sus escapismos, su vida cotidiana. Una vez tomé el libro me quedé prendada por dos horas, falté a clases y al regreso a casa, le rogué a mi padre que me trajera a Ana, para seguir metiéndome en su vida privada, para sentirme rusa y hablar francés como la clase alta de San Petersburgo.
Otro de mis grandes amores rusos fue el poeta Sergéi Esenin, cuya historia de suicidio y el último poema que escribió aún los conservo grabados en mi memoria, tanto así, que es el único poema que me sé:
Hasta luego querida, hasta luego.
Dulce mía, te llevo en el pecho.
Esta despedida inaplazable
nos promete un encuentro en el futuro.
Hasta luego, querida, sin manos, sin palabras,
no te aflijas, no entristezcas las cejas.
En esta vida no es nuevo morir
pero vivir tampoco es más nuevo.
Este poema, cuenta la leyenda urbana, fue escrito con la propia sangre de Esenin antes de colgarse. Quitándole el morbo suicida, los poemas de Esenin, el último poeta del campo, son piezas delicadas como bailarinas hechas de cristal. Cada palabra se quedó en mí como una joya incrustada.
Posteriormente, ya estando más grande, recién entrada a la universidad, me encontré con Chéjov. Me lo presentaron en forma de cuentos breves, de manera muy Sherezadosa, a cuenta gotas primero, ya luego si fueron más grandes los sorbos. Eran goterones deliciosos llenos de ironía, picardía y un cierto dejo de patetismo que reflejaban una realidad no muy lejana a la nuestra; la estepa no estaba tan distante del llano. Empecé a leer a Chéjov en todos lados, en todo momento y cada vez que leía a Chéjov no era necesariamente leerlo a él. Sí, lo leía a él en otros escritores, en otros cuentos, en otros personajes. Lo leí en José Ignacio Cabrujas, lo leí en Carver y sus rosas amarillas, lo leí en Murakami, lo leí en Ribeyro, lo leí en Marías, lo leí en Nabokov, en Capote, en Bolaño, en Woolf, en Peri Rossi. Lo leía en todos lados: sus comas, sus puntos, sus situaciones. Podría no estar en Yalta, sino en Lima y se sentía como el verano Crimeo.
Este año tuve la oportunidad de asistir a un breve seminario sobre Chéjov, en la Universidad Nacional de Colombia. Lo dictaba una profesora rusa de la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos. Olga, se llamaba. Tenía el nombre más ruso que podían darle a alguien. Hablaba el español con un acento dulce que parecía que fuese francesa con un ligero acento, así, con ese cantar de pájaros, habló sobre Chéjov. Sobre Chéjov en Yalta, sobre la Dama del perrito, sobre cómo en La muerte de un funcionario se perdía todo el matiz cómico del cuento por una simple mala traducción del nombre Tcherviakof, el cual, aparentemente en ruso, significa “Gusano”. Una vez mencionó eso, me puse a pensar en el problema de la traducción: ¿Será que Chéjov, Gogol o Turguéniev han perdido parte de su sentido por malas o incompletas traducciones? Por ejemplo, tomando el mismo cuento La muerte de un funcionario, las últimas líneas del relato dicen así: “Entrando, pasó maquinalmente a su cuarto, acostóse en el sofá, sin quitarse el uniforme, y... murió”. Esa última palabra, ese “y murió”, está mal traducido. La palabra usada, no recuerdo exactamente cuál era, se traduce como “y…estiró la pata”. Sólo una palabra cambia por completo el sentido del final. El “y…murió” tiene un aire de solemnidad, en cambio “y…estiró la pata” mantiene el hilo cómico del relato. ¿Cuántos detalles así se nos pasarán por no conocer ruso?
Mi encuentro con Gogol, ese sí fue reciente. Lo conocí por su obra La nariz, durante una clase de literatura rusa. La obra literaria de Gogol muestra el debate entre las tendencias prooccidental y eslavófila en la cultura rusa. Los reformistas liberales rusos interpretaron en un principio las historias de Gogol como sátiras de los aspectos negativos de la sociedad rusa. Sin embargo, al final de su vida, estos mismos reformistas lo veían como una figura reaccionaria y patética, perdida en el fanatismo religioso.
Aunque está fuera de toda duda que en Almas Muertas se refleja un ansia de reformar Rusia, no queda claro si las reformas sugeridas habrían de ser de tipo político o moral. La primera parte del libro muestra los errores cometidos por el protagonista, mientras que en la segunda, más confusa, se muestran las enmiendas a esos errores.
El deseo de Gogol de una reforma moral de Rusia se hizo al final de su vida mucho más radical y conservador, como se ve en el fanatismo que impregna en algunas de sus cartas publicadas. Esta radicalización de su pensamiento lo llevó a la decisión de quemar el borrador de la segunda parte de Almas Muertas, a la vez que su salud empeoraba rápidamente. Gogol sigue la tradición literaria de E.T.A. Hoffmann, con un uso frecuente de lo fantástico. Además, las obras de Gogol muestran un excelente sentido del humor. Esta mezcla de humor con realismo social, elementos fantásticos, y formas de prosa no convencionales son la clave de su popularidad. Gogol escribió en una época de censura política. Su uso de elementos fantásticos es, como en las fábulas de Esopo, una manera de burlar al censor. Algunos de los mejores escritores soviéticos también recurrieron a la fantasía por razones similares.
Turgueniev y yo tenemos una historia desafortunada: Nuestro primer encuentro fue cuando yo tenía unos quince años. Mi papá me llegó con un librito pequeño, con unas ilustraciones terribles. Era Aguas Primaverales. Leí las primeras dos páginas y lo aborrecí –Turgueniev no es para leerlo a los quince-. Esta ocasión, le di una segunda oportunidad: Empecé a leer Diarios de un cazador y Primer amor. En comparación con la obra de Gogol o de Chéjov, que contienen alto sentido social, sin dejar de perder lo literario, la obra de Turgueniev, al menos en el caso de Diarios de un cazador, me hizo retornar a esos quince años, a ese rechazo natural hacia ciertas formas de literatura: El Turgueniev de Diarios de un cazador me pareció tan aburrido e hiperrealista como el Turgueniev que había conocido hace siete u ocho años. Sin embargo, esta noción cambió al leer Primer amor, cuando me enamoré junto a Vladimir Petrovich de la nueva vecina que se había mudado al lado de su finca.
La literatura rusa, en general, tiene una importantísima carga de conciencia social, crítica política, y, en la época de finales de siglo XIX, principios del siglo XX, se encontraba en la búsqueda de su propio lenguaje, que no fuesen versiones eslavas de Flaubert o Hoffmann, de los romanticistas y naturalistas alemanes y franceses. A partir de ese momento, la literatura rusa abre su ventana y se da cuenta de que se encontraba construyendo su propio camino, una literatura propiamente rusa. Obras clave como La guerra y la paz o La gaviota son indiscutiblemente rusas y, al mismo tiempo, su universalidad sale como grito que se escucha en una pradera despejada.
La ventana está allí, abierta, para que el mundo siga escuchando la melodía que sale de la ventana. Para que que esté adentro siga viendo el humor cambiante de la tierra. Pero hay que seguir en eso, seguir como los rusos, mirar fuera de la ventana. Dejar que el mundo escuche nuestra canción. Con esto, lo que queda es un hasta luego, querida, hasta luego. *
* Esto fue un comentario escrito para la última materia que vi en la universidad, llamada "Literatura Rusa". Decidí ponerlo porque tiene más un tono de ensayo libre que cosa rígida académica.
jueves, 31 de marzo de 2011
Richter
Estragos
de
cinco
seis y mirada
siete y dedos
ocho
va por nueve
nueve y contando
nueve e inmóvil
nueve y rayuela
nueve y firme
nueve y beso
nueve y abismo
diez.
Al grado diez
sólo
escombros
y
las réplicas
en loop
en loop
en loop.
de
cinco
seis y mirada
siete y dedos
ocho
va por nueve
nueve y contando
nueve e inmóvil
nueve y rayuela
nueve y firme
nueve y beso
nueve y abismo
diez.
Al grado diez
sólo
escombros
y
las réplicas
en loop
en loop
en loop.
domingo, 27 de marzo de 2011
Micro-algo.
Un escritor acaba de pasar por mi ventana. Definitivamente, tengo que cambiar mi repelente de intensidades.
Receta de poema.
Resulta
que yo no sé escribir poemas.
Escribo, por ejemplo,
este pedacito de texto.
Lo corto.
Lo amaso.
Dejo que se fermente por un rato,
que le caigan cenizas de marzo.
Cuando está listo
lo guardo.
Otras veces,
como este otro texto,
dejo que salga como caballo.
"Se está quemando" dicen.
No sé si se quema
pero de allí
nace otro poema:
Este.
que yo no sé escribir poemas.
Escribo, por ejemplo,
este pedacito de texto.
Lo corto.
Lo amaso.
Dejo que se fermente por un rato,
que le caigan cenizas de marzo.
Cuando está listo
lo guardo.
Otras veces,
como este otro texto,
dejo que salga como caballo.
"Se está quemando" dicen.
No sé si se quema
pero de allí
nace otro poema:
Este.
jueves, 24 de marzo de 2011
Paredes.
En tus ojos
los muros
derribados.
los muros
derribados.
Repetición.
Tu espalda
Tu espalda
Tu espalda
Tu espalda
es que dicen
Tu espalda
Tu espalda
que repetir algo muchas veces
Tu espalda
Tu espalda
Tu espalda
hace
Tu espalda
que aparezca
Tu espalda.
Tu espalda
Tu espalda
Tu espalda
es que dicen
Tu espalda
Tu espalda
que repetir algo muchas veces
Tu espalda
Tu espalda
Tu espalda
hace
Tu espalda
que aparezca
Tu espalda.
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